Nún. 211 | 23.07.2008
Durante esta semana se celebra en Ginebra una nueva reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El encuentro se enmarca en la Ronda de Doha, negociaciones nacidas hace siete años en Qatar que buscaban superar obstáculos para la liberalización del comercio mundial y favorecer el crecimiento económico de los países en desarrollo con el fin de reducir la pobreza. Lo conseguido en estos años, no obstante, no ha sido mucho. Alcanzar acuerdos entre los 153 países y territorios que forman la OMC ha resultado una tarea, sobre todo, frustrada. Ahora, se retoman dos asuntos fundamentales de la larga lista de contenidos de la Ronda, a saber la agricultura y los productos industriales.
En el caso de la agricultura, el objetivo planteado es llegar a un acuerdo sobre las fórmulas y otros métodos para recortar los aranceles y las subvenciones agrícolas. A pesar de ser este el objetivo defendido por la OMC desde hace siete años, los sistemas de subsidios a la agricultura de los países desarrollados han menguado muy poco, convirtiéndose en uno de los principales escollos para cerrar este capítulo de las negociaciones. En esta ocasión no parece que el resultado vaya a ser muy diferente a pesar de la crisis alimentaria que afecta a 862 millones de personas en el mundo. Hace apenas dos meses que el director general de la FAO, Jacques Diouf, señalaba algunas de las contradicciones que se encuentran en la raíz de la crisis y que están distorsionando los mercados mundiales. Así, mientras que se solicitaban a los líderes de los países más desarrollados 30.000 millones de dólares anuales para relanzar la agricultura de los países pobres y evitar con ello los conflictos que podrían derivarse de la carestía de los alimentos, la propia OCDE, sólo en el año 2006, gastó 372.000 millones de dólares — una cantidad 12 veces superior— en subsidios a sus agriculturas.
Un avance en las negociaciones podría suponer un cambio significativo en el rumbo de la crisis alimentaria. Aunque la OMC es un foro para países y las solicitudes de Diouf se dirigen a los Estados, no todo en este complejo escenario lo pueden solucionar los Gobiernos. El sector agrícola se encuentra bajo el dominio de grandes empresas multinacionales que pesan de forma creciente a lo largo de toda su cadena de valor a través de integraciones verticales y horizontales. El Banco Mundial en su último informe, titulado ‘Agricultura para el desarrollo’, constataba esta tendencia resaltando datos tales como que en el año 2004 la cuota de mercado para las cuatro mayores empresas agroquímicas y vendedoras de semillas del mundo alcanzaba el 60% en el caso de los productos agroquímicos y el 33 % en el de las semillas, mientras que en 1997 los porcentajes apenas llegaban al 47% y del 23% respectivamente. La conclusión era que la transformación que ha vivido el sector en los últimos años ha llevado a que no se garantice ni la competencia ni la participación de los pequeños productores en los mercados, elementos clave para conectar crecimiento agrícola y desarrollo. En suma, el Banco Mundial subrayaba las fuertes sinergias existentes entre la agroindustria y la contribución que puede hacer la agricultura para el desarrollo.
Habrá que ver si esta nueva cita de la Ronda de Doha contribuye o no a afrontar las graves dificultades que atraviesa la agricultura y por extensión todos los damnificados por el elevado precio de los alimentos. Y no deberían centrarse todas las esperanzas en lo que puedan o quieran hacer los Gobiernos. Habrá que observar también cuáles son los compromisos sociales que decidan asumir las empresas que lideran el sector agrícola.
Un amplio sector de las organizaciones sociales europeas no está satisfecho con el rumbo que ha tomado la política de Responsabilidad Corporativa definida por la Comisión Europea. La Coalición Europea por la Justicia Corporativa (ECCJ, por sus siglas en inglés) representa a 250 entidades de 16 países que reclaman a la Unión Europea una legislación que establezca y reconozca la responsabilidad social y ambiental de las empresas más allá de las fronteras europeas [...]
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