La obtención de diamantes es un negocio que nos lleva irremediablemente a África. Allí los yacimientos se encuentran en lugares únicos a nivel natural y humano ya que muchos pueblos indígenas habitan los emplazamientos codiciados por empresas y gobiernos. Botsuana es uno de los escenarios de esa realidad africana: la gran multinacional del diamante, De Beers se enfrenta junto con el Gobierno de Botsuana a la resistencia de cientos de bosquimanos que quieren permanecer en sus tierras ancestrales.
El 70% de Botsuana es desierto, el desierto del Kalahari. Una gran superficie de tierra semiárida y arenosa que se extiende unos 930.000 km2, superficie compartida también por Zimbabwe, Namibia y Sudáfrica.
Allí viven desde hace más de 20.000 años los basarwa, más conocidos a nivel mundial como los bosquimanos. Dentro del pueblo indígena bosquimano existen distintos grupos étnicos repartidos por el extenso territorio de este desierto africano. Los gana (g//ana) y gwi (g/wi) viven en el área occidental del Kalahari dentro de la Reserva de Caza del Kalahari Central, en Botsuana. La reserva fue creada en 1961 para proteger este entorno natural y para que vivieran allí los bosquimanos, sin embargo, no se concedió a este pueblo ningún tipo de propiedad sobre el terreno en el que vivían desde hace miles de años.
En 1966 Botsuana se declara independiente y la constitución del país reconoce el derecho de los bosquimanos a permanecer en la Reserva. Sin embargo, en los años ochenta el Gobierno empieza a reconsiderar la permanencia de este pueblo indígena en el territorio protegido.
Como consecuencia de los estudios preliminares que llevó a cabo en 1986, las autoridades de Botsuana obligaron al reasentamiento de la población de la Reserva en dos ocasiones. Primero en 1997 y luego en 2002. Más de 1.739 personas fueron trasladadas fuera de la Reserva de Caza del Kalahari Central.
Este proceso ha desencadenado las denuncias de la organización dedicada a la defensa de lo pueblos indígenas Survival International quien lleva años acusando al Gobierno de Botsuana de acosar a los bosquimanos para que abandonen su hogar.
El Gobierno alega que la Reserva fue creada para proteger el ecosistema de la zona y la forma de vida tradicional de sus habitantes. Sin embargo, continua, con el tiempo la forma de vida de los indígenas ha dejado de ser aquella cazadora-recolectora para pasar a ser sedentaria y la caza realizarse con armas de fuego, poniendo en peligro el equilibrio del entorno.
Por su parte, Survival denuncia que el Gobierno de Botsuana ha recurrido a la tortura, a las detenciones ilegales y los traslados forzosos para hacer cumplir su voluntad. Muchos de los bosquimanos trasladados han intentado regresar una y otra vez, encontrándose con la resistencia de las autoridades. Tanto es así que, en julio de 2004, 243 bosquimanos, apoyados por esta organización, llevaron a los tribunales al Gobierno de Botsuana en lo que se convirtió en el juicio más largo y caro de la historia del país.
Además, Survival afirma que detrás del empeño gubernamental no se encuentra ni la defensa de la Reserva ni del bienestar de los boquimanos sino otros intereses. La organización acusa a la empresa De Beers de ser la tercera parte implicada en este conflicto.
Botsuana y diamantes, igual a De Beers.
En torno a este caso puede haber algunas dudas pero lo que es innegable es la “especial” e “íntima” relación que mantiene el Gobierno de este país africano y la multinacional De Beers.
De Beers es una de las mayores empresas del mundo dedicada al negocio del diamante. Con unos ingresos netos de 730 millones de dólares en 2006, esta única empresa produce cerca del 40% de los diamantes en bruto que circulan en el mercado mundial y todos ellos proceden de sus minas del Sur de África. 15 minas que dan trabajo a 17.000 personas en Sudáfrica, Botsuana, Namibia y Tanzania. En estos tres últimos países trabaja en alianzas con sus Gobiernos. Algo que ha marcado el nombre de las compañías de Namibia y Botsuana, denominadas Namdeb y Debswana respectivamente.
Debswana, nace en mayo de 1978 del acuerdo entre De Beers Consolidated Mines Ltd y el Gobierno de Botsuana para explotar la mina de Jwanena. La empresa es propiedad de ambos al 50%. A su vez, el 15% de De Beers es propiedad del Gobierno de Botsuana. Desde entonces los intereses de uno y otro van de la mano ya que los diamantes son la mayor fuente de ingresos para el país.
En 2002, la minería supuso el 33,9% del PIB de Botsuana y los diamantes constituyeron el 83.3% de las exportaciones del país generando ingresos por valor de algo menos de 15.000 millones de dólares. Así De Beers y el Gobierno de Botsuana tiene el negocio más próspero del país en sus manos. Por lo que no debe extrañar que la página web de Debswana de la bienvenida a sus visitantes con una memorable frase del vicepresidente de la República país, el Señor F.G. Mogae: “La alianza entre De Beers y Botsuana ha sido como un matrimonio. A veces me pregunto si la mejor analogía para definirlo no será la de los gemelos siameses.”
Por este motivo, Survival afirma que los intereses ocultos en la expulsión de los bosquimanos son, en realidad, de carácter económico. Aunque empresa y Gobierno lo han negado rotundamente la organización hizo públicos unos documentos de la Administración de Botsuana que reflejaban como en el año en el que los bosquimanos fueron expulsados de sus tierras hubo un notable aumento del número de licencias concedidas para explotación de minas de diamante en este territorio mientras que el número de licencias concedidas en otros lugares del país disminuyó. En total, las licencias pasaron de 18 en 2000 a 62 en el año 2002 cuando 700 bosquimanos gana y gwi fueron expulsados de la Reserva de Caza de Kalahari Central.
El centro de este enigma parece estar en el yacimiento de Gope situado dentro de la Reserva. Aparentemente esta mina no tiene valor económico, sin embargo, según fue descubierta por la empresa Falconbridge Explorations Botswana en 1980, De Beers y esta compañía crearon un joint venture para su explotación, la Gope Exporation Company y pagan por la licencia de explotación de esta veta.
Por su parte, el Gobierno afirma que si fuera a explotar este yacimiento lo haría público ya que considera que “los derechos sobre los minerales son del Estado independientemente de a quien pertenezca la tierra o donde se encuentren”. Así en el 2000 el Ministro de Minerales, Energía y Agua de Botsuana hizo público que sólo 46 kilómetros cuadrados o 0,09% de la Reserva sería dedicado a una mina al tiempo que De Beers publicaba un año antes en un informe de evaluación del impacto medioambiental que el área de trabajo sería incluso menor, exactamente de 35 kilómetros cuadrados.
Sin embargo, en febrero del año pasado el Gobierno de Botsuana anunció que el territorio de la Reserva afectado por la mina de diamantes ascenderá 5.027 metros cuadrados. “A pesar de las alegaciones de De Beers negándolo, creemos que la minería en la Reserva se está acercando cada vez más. Antes de la campaña, De Beers y el Gobierno no tenían en secreto su deseo de extraer diamantes. Sus señales cambiaron en 2002 cuando se nos dijo que el hallazgo era ‘subeconómico’. Pero ahora eso ni se menciona, en su lugar se nos dice que un enorme 10% del área de la Reserva sería acordonada si hubiera una mina. Creemos que la cuestión es ahora la destrucción de una gran parte de una de las reservas más grandes de África, además de los bosquimanos”, denunciaba a tenor de estos hechos Stephen Corry, director de Survival.
Survival contra De Beers
Survival ha buscado apoyos por todo el mundo a favor de los bosquimanos y como parte de su estrategia ha solicitado expresamente el boicott a De Beers.
El 22 de junio de 2005 la conocida feminista Gloria Steinem y más de treinta manifestantes protestaban durante la inauguración de la primera tienda de De Beers en América. Personalidades como la estrella británica Julie Christie quien apoyó la campaña afirmando “¡Boicotea a De Beers! O carga con la destrucción de los bosquimanos en tu conciencia”. La top model Iman dejó de trabajar para la empresa cuando conoció la campaña. También la modelo británica Erin O’Connor se distanció de De Beers declarando: “No creo que hacer un trabajo como ese (ser la imagen de De Beers) aporte algo a mi vida o me haga feliz. Si se me ofreciera me pondría firme y diría que no”. Del mismo modo, y por tercera vez, la top model británica Lily Cole se sumó al rechazo a la empresa negándose a seguir trabajando con ellos.
Mientras, la empresa se ha limitado a negar la existencia de tales planes mineros para Gope y reconoce la legitimidad del Gobierno de Botsuana para expulsar a la población de la Reserva.
Claramente la compañía no considera a los bosquimanos una gran amenaza para su reputación o prefiere dejar que sea el Gobierno de Botsuana, como copropietario de De Beers, quien defienda sus intereses económicos en el país.
De Beers concentra su comunicación de RSE en su participación en el Kimberley Process y la lucha contra el comercio de diamantes que financian conflictos armados. Un asunto que dejó muy mermada la reputación de todo el sector del diamante gracias a la denuncia de la ONG Global Witness y el éxito de la película protagonizada por Leonardo di Caprio “Diamantes de Sangre”. El otro elemento que cubre la imagen social de la compañía es lo que denomina como Corporate Social Investment, título dedicado a una media de 600 actividades de acción social en la que De Beers invierte unos 10 millones de dólares anuales. Pero de los bosquimanos no hay mención ninguna en su memoria 2006.
Sin embargo, no deja de llamar la atención que en este mismo texto la compañía reconozca haber recibido de GRI la calificación A+ y que uno de los valores centrales de la empresa sea “Demostrar que nos importa” y concretarlo en los siguientes términos: “La gente cuyas vidas tocamos, sus comunidades y el medio ambiente que compartimos, nos importan profundamente. Nosotros siempre consideraremos las consecuencias de lo que hacemos, de tal manera que nuestra contribución al mundo sea real, duradera y nos haga sentir orgullosos”. Parece ser que De Beers sabe delimitar muy bien a que gente “toca” y no “toca”, que aportaciones les hacen sentir más o menos ‘orgullo’ y dentro de esta categoría los diamantes que proceden de conflictos armados son deleznables pero el comportamiento inhumano de uno de sus principales accionista no.
Algo muy chocante, teniendo en cuenta que el pasado 13 de diciembre el Tribunal Supremo de Botsuana dictaminó que la expulsión de los bosquimanos hecha por el Gobierno de Botsuana era “ilegal e inconstitucional” y que los bosquimanos tienen derecho a vivir en sus tierras ancestrales dentro de la Reserva de Caza de Kalahari Central. Al tiempo que tienen derecho a cazar y recolectar en ella si permiso alguno. Sin embargo, a día de hoy, el Gobierno ignora la sentencia y, en lo que va de año, 53 bosquimanos han vuelto a ser detenidos y por cazar en la Reserva. De hecho, la semana pasada Survival difundía la intención de los bosquimanos de volver a juicio en cuestión de semanas si el Gobierno continúa impidiendo su retorno a casa.
En contraste, en el universo de De Beers todo va viento en popa. En 2006, mientras el juicio estaba en curso, Gobierno y empresa renovaron y ampliaron sus acuerdos en lo que Debswana considera un momento histórico en su gestión.
Más información:
www.debeers.com
www.debswana.com
www.survival.es
www.gov.bw