Año 2002, días antes de la Navidad, la prensa internacional se hace eco de la denuncia de las ONG: Nestlé reclama al Gobierno de Etiopía 6 millones de dólares en plena hambruna. La empresa que no espera la presión pública que se le viene encima tendrá que retroceder.
22 de agosto de 1975 el emperador Haile Selassie de Etiopía es estrangulado en los sótanos de su palacio después de ser expulsado del Gobierno por los militares en septiembre de 1974. En ese mismo año el Gobierno militar nacionaliza sin otorgar ningún tipo de compensación la Empresa Etíope de Desarrollo Ganadero, ELIDCO, de la que el grupo Schsweisfurth era una un importante accionista. En 1986 la compañía suiza Nestlé compra esta última empresa y con ella hereda la antigua reclamación sobre la nacionalización de ELIDCO. Seis años más tarde, Nestlé decide reclamar al Gobierno etíope una compensación económica por aquel proceso.
El Gobierno africano quiere llegar a un acuerdo y pide que interceda la Agencia de Garantía de Inversiones Multilaterales (MIGA) del Banco Mundial. La compañía reclama 6 millones de dólares frente a los 1.5 millones que está dispuesto a pagar el Gobierno etíope, a quien no le interesa desincentivar las inversiones extranjeras eludiendo responsabilidades pasadas y, por ello, ofrece 12.417.888 Birr incluyendo un 6 por ciento de interés compuesto. Sin embargo, Nestlé reclama que se aplique el tipo de cambio de los dólares estadounidenses del año 1975.
Con lo que la compañía alimentaria no cuenta es que su reclamación salga de los despachos de la MIGA en plena hambruna africana. Por aquellos días el país vive amenazado por una hambruna similar a la del año 84 como consecuencia de la sequía y de la crisis internacional del café. Pero las redes y los oídos del activismo social están atentos e Intermón Oxfam inicia una campaña internacional que se traduce en 40.000 correos electrónicos que en dos semanas inundan Nestlé de solicitudes de ciudadanos que le piden que retire su reclamación. Por no hablar de los artículos que circulan por las páginas impresas y las ediciones digitales de los medios más importantes del mundo. El gigante de la industria alimentaria ha sido pillado in fraganti.
Nestlé desiste
Nestlé hace pública una carta de Peter Brabeck, CEO de la empresa, en la que procura dar explicaciones sobre su reclamación. “Nosotros en Suiza nos hemos visto también sorprendidos al ver como las acusaciones se extendían en una campaña mediática previamente planeada antes de que nadie nos diera alguna oportunidad de investigar y discutir la situación con la ONG implicada. Esto nos ha hecho especialmente difícil responder de forma inmediata, así como que es un abogado etíope, con quien ni Suiza ni Reino Unido tienen contacto directo, contratado de forma externa por una pequeña subsidiaria de Nestlé Alemania quien está llevando estas negociaciones esporádicas”.
Aunque no está claro el número de acciones que Schsweisfurth poseía sobre ELIDCO, parece que la legalidad ampara la reclamación de Nestlé, sin embargo, es difícil compadecerse de la mayor empresa de alimentación del mundo, con unos beneficios comerciales de 5.500 millones de dólares, cuando de la otra parte se encuentran el país con la renta per cápita más baja del mundo y 11 millones de personas amenazadas por el hambre. Definitivamente, hay causas justificadas que resultan difícilmente justificables a los ojos de la opinión pública.
Este contraste es difundido amplia y eficientemente por Intermón, quien aprovecha el caso para resaltar un asunto: la deuda de los estados pobres con las empresas extranjeras.
La presión es abrumadora y la empresa cede. Al fin y al cabo, bien vale 6 millones de dólares no ganarse la reputación de ser la empresa que ayudó a la crisis económica de Etiopía cuando su población moría de hambre. “Creemos que es importante para el bienestar a largo plazo de la gente en África que sus gobiernos demuestren la capacidad de cumplir con la legislación internacional, pero no estamos interesados en coger el dinero de Etiopía cuando se encuentra en tal estado de necesidad humanitaria [...] Ya que el Gobierno de Etiopía ya ha ofrecido 1.6 millones de dólares, cuando los recibamos pondremos esta suma inmediatamente a disposición de la lucha contra el hambre en Etiopía”, explicaba la decisión la misma carta de Meter Brabeck.
Finalmente, el 24 de enero de 2003 en Addis Abeba, representantes de Nestlé y del Gobierno etíope firman un acuerdo por el que se reembolsará a la empresa 1.5 millones de dólares. La empresa dona la cantidad a las organizaciones humanitarias que trabajan en Etiopía y anuncia que está explorando las vías de apoyo posible al país africano para garantizar la seguridad alimentaria y el acceso al agua a largo plazo.
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Día - Hora: 24.12.2007 - 22:29:08
Hans Rott
Es evidente que la imagen y el valor de la marca nestle valen mas de 6 millones de dolares... aunque también es cierto que promover un marco jurídico y legal estable es imprescindible para el desarrollo de cualquier país, en especial aquellos en los cuales la mayor parte de su población vive en la miseria.
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Día - Hora: 20.12.2007 - 17:29:06
einestzara
Qué dificil resultará conciliar los intereses de los accionistas propietarios de las empresas con los intereses de los grupos afectados por sus actividades. Los gobiernos corporativos están necesitados de grandes dosis de ética. Algún dia serán los consumidores quienes decidan y entonces habrá que correr para hacer de la necesidad virtud.