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Núm. 214 | De 02.09.2008

ANÁLISIS

Energía nuclear y carbón: ¿opciones viables?
Central nuclear de Almaraz, Cáceres. Foto: Foro Nuclear.

Ante el alza del precio del petróleo, la creciente demanda mundial de energía y la preocupación por garantizar el suministro, algunos países vuelven a considerar la energía nuclear y el carbón

Energía nuclear y carbón: ¿opciones viables?

 

 Núm. 206 | 17.06.2008

“Las necesidades energéticas mundiales en 2030 superarán en más de un 50% las de hoy.” Estas son las previsiones de la Agencia Internacional de Energía. La lucha por la seguridad de suministro y la diversificación de las fuentes de energía cobra especial importancia en Europa, cuya dependencia de las importaciones aumentará de un 50% al 70% en las próximas décadas. En España alcanza el 80%. Por estos motivos,  algunos países y compañías europeas han reabierto el debate nuclear y planean de nuevo el uso del carbón en las centrales térmicas. 


La Unión Europea no tiene una política energética común. Se trata de una competencia explícita y exclusiva de los Estados la selección y estructura de las fuentes de suministro; es decir, el "mix de energía primaria y eléctrica". Hasta hace unos años, la responsabilidad de garantizar el suministro de energía recaía en los Gobiernos, pero con la liberalización del sector energético en Europa “las fuerzas del mercado juegan un papel complementario,” según el estudio 'Europe´s vulnerability to energy crisis', publicado este año por el Consejo Mundial de Energía.

Los Gobiernos articulan su política energética en función de sus recursos naturales, de las necesidades de su economía y sus ciudadanos, y de los compromisos ambientales internacionales. Tratan, pues, de compaginar los costes económicos, sociales y ambientales. La tarea es complicada: los mandatos políticos suelen durar cuatro años mientras la planificación energética se hace a medio y largo plazo. 

El objetivo de las compañías energéticas europeas -algunas públicas y otras privadas, y muchas protegidas por sus respectivos gobiernos, directa o indirectamente- es garantizar el suministro y maximizar beneficios. “Detrás de las compañías energéticas, se encuentra el capital financiero”, señala Francisco Castejón, experto en fusión nuclear y portavoz de energía de Ecologistas en Acción. “Las compañías  no tienen vocación por una fuente de energía particular,” precisa. 


Variedad de políticas energéticas

La crisis energética actual ha empujado a ciertos países a reconsiderar la energía nuclear, y a las compañías energéticas, a invertir en nuevas centrales térmicas de carbón. Los promotores de ambas fuentes aseguran ser sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. El lobby nuclear recuerda que esta fuente no emite gases de efecto invernadero (C02), mientras que la industria  de carbón asegura que, gracias a las nuevas tecnologías, esta fuente puede ser limpia.

La Unión Europea no se pronuncia acerca de la energía nuclear. Corresponde a cada Estado miembro decidir sobre el recurso o no a la energía nuclear para la producción de electricidad. Así, Finlandia y Francia han decidido recientemente ampliar el uso de la energía nuclear. Otros miembros de la UE, entre ellos los Países Bajos, Polonia, Suecia, la República Checa, Lituania, Estonia, Letonia, Eslovaquia, el Reino Unido, Bulgaria y Rumania, han reabierto el debate en torno a su política en materia de energía nuclear. En Francia, la energía nuclear proporciona  el 79% de la energía eléctrica, en Alemania el 31%, en Suecia el 48%, en Eslovaquia el 57% y en Lituania el 69%.

Gracias a la variedad de políticas energéticas, las grandes compañías y los bancos internacionales encuentran oportunidades de negocio, jugando simultáneamente en varios campos. Promueven su "imagen verde" en un país e invierten en las plantas nucleares en otros. También algunos países se oponen a las instalaciones nucleares en su territorio pero sus empresas  participan en la construcción de las instalaciones nucleares en la vecindad.

Un ejemplo de ello es Italia. En 1987 votó  en referéndum contra del uso de la energía nuclear, pero su empresa  Enel (con 30% de propiedad estatal) participa en la remodelación de centrales nucleares en Eslovaquia, Bulgaria y Rumania. En mayo de 2008, Claudio Scajola, Ministro del Desarrollo Económico, anunció que Italia revisaría su política nuclear y construirá en los próximos cinco años nuevas centrales de última generación. Anticipándose a las protestas de los ecologistas italianos, el primer ministro de Albania, Sali Bersiha, ofreció el territorio de su país para la construcción de las centrales. 

Otro ejemplo ilustrativo es el del consorcio de empresas energéticas –la alemana  RWE y la española Iberdrola, entre otras– que participa en la modernización de la planta nuclear de Cernavoda en Rumania. Y bancos franceses y la compañía rusa AtomStroyExport apoyan el sector nuclear en Bulgaria.

Austria, que no aloja reactores nucleares en su territorio, condicionó la entrada de Eslovaquia en la Unión Europea al cierre de su central nuclear en Temelin. Sin embrago, el Erste Bank, uno de sus entidades financiera más importantes, iba a financiar la central nuclear en Mochovce, Eslovaquia. Sólo tras masivas protestas de los ecologistas, se retiró del proyecto. Alemania prevé cerrar sus instalaciones nucleares para el 2020, pero sus grandes compañías, E.On y RWE participan en varios proyectos nucleares en Europa del Este.

Francia, por su parte, aboga abiertamente por la energía nuclear. “Gracias a la energía nuclear, la emisión de gases de efecto invernadero por habitante es dos veces menor en Francia que en el resto de Europa,” declaraba el presidente Sarkozy en 2007. Los ecologistas galos afirman que el país se sitúa en la media europea. Francia también exporta su tecnología nuclear de última generación EPP. En Finlandia construye un nuevo reactor con esta tecnología, el priemero en Europa después de Chernóbil. Son problemas técnicos los que están retrasando su terminación y aumentando sus costes. En el Reino Unido, el primer ministro británico, Gordon Brown, ha revisado la política energética británica y planea construir nuevas centrales nucleares con capital privado, mientras que la gestión de los residuos nucleares sería costeado por el dinero público, según la BBC.

 

Envejecimiento de las instalaciones nucleares

Torre de refrigeración de la central nuclear de Ascó, Tarragona. Foto: Foro Nuclear.

El lobby nuclear europeo, con 146 reactores instalados en 15 países de la UE, de los cuales 59 se encuentran en Francia, argumenta que esta fuente de energía no emite CO2 y garantiza una fuente de energía segura, continuada y económica a largo plazo. Además, importa la materia prima, el uranio, de los países políticamente estables, a diferencia del petróleo que proviene de las regiones inestables.

La creciente presencia pública del lobby nuclear se debe, señala Castejón, “al envejecimiento de las instalaciones”. De los 439 reactores que hay en el mundo, 327 tienen más de 20 años. Calculando  que el ciclo de vida de un reactor es de 30 a 40 años, hay que tomar decisiones inmediatas acerca de su futuro. O se cierran o se renuevan. “Teniendo en cuenta que la construcción de una central nuclear puede llevar hasta diez años, en el caso de que se tenga la intención de reemplazar las centrales nucleares actuales por las nuevas, las decisiones deben tomarse ya,” se afirma desde el Foro de la Industria Nuclear Española.

La construcción de una central nuclear supone una inversión inicial que oscila entre los 2.000 y 3.000 millones de euros. Los costes de explotación, una vez realizada la inversión inicial, son más bajos en comparación con las fuentes fósiles. Por otro lado, la mayoría de los promotores de la opción nuclear no incluyen los elevados costes de la gestión de residuos. Sin embargo, Tony Ward, director de energía de la consultora Ernst & Young, asegura que los reactores de última generación utilizan cantidades menores de uranio y generan menos residuos.

Francisco Castejón reconoce que las nuevas tecnologías utilizadas por la última generación de reactores son más seguras que las anteriores, pero “todavía faltan elementos para hablar de seguridad completa.” Aboga por el cierre de las centrales nucleares debido a su falta de seguridad, por los problemas que plantea la gestión de residuos, por el alto precio de las instalaciones, por el doble uso, tanto civil como militar, de esta funtes, por y la escasez de uranio que se producirá dentro de unas cinco décadas. Al mismo tiempo, reconoce que crecen las voces entre los científicos y los académicos, es decir, las personas desvinculadas de la industria nuclear, que piden que se replantee esta fuente de energía como una opción no contaminante.

Por su parte, José Luís García, responsable de la Campaña de Energía y Cambio  Climático de Greenpeace, opina que “el debate nuclear es artificial, creado por los intereses nucleares… No hay debate en los países donde hay decisiones políticas tomadas…Sólo Francia y Finlandia apuestan abiertamente por esta fuente de energía. Esta por ver, qué hará el Reino Unido.”  Greenpeace sostiene que la nueva tecnología nuclear francesa “tiene serios fallos técnicos”.

Los detractores del uso de la energía nuclear en España, cuentan con el terreno ganado de la opinión pública, que se opone,  mientras que el 'lobby nuclear' se está esforzando por mejorar su mensaje e imagen, ante el hecho de la decisión que el Gobierno deberá tomar sobre el futuro de los ocho reactores españoles. Los representantes  de las compañías energéticas y de la patronal piden la reapertura del debate acerca del futuro de las centrales españolas.

En 'Prospectiva de generación eléctrica 2030', la Asociación Española de la Industria Eléctrica, Unesa, analiza varios escenarios futuros acerca de la generación eléctrica y asegura que todas las opciones dedican “especial atención a las opciones nucleares de futuro y de carbón sostenible, a los nuevos desarrollos de renovables y al compromiso medioambiental.” En 2007, los reactores  nucleares suministraban un 17,59 % de la energía eléctrica y la mayoría fue construida en los años ochenta. Los reactores españoles pertenecen a Iberdrola, Unión Fenosa, Endesa, Hidrocantábrico y Nunclenor (50 % del capital de Iberdrola y 50% de Endesa).


Central térmica de As Pontes, A Coruña. Foto: Greenpeace/ Pedro Armestre
Las centrales térmicas más contaminantes de Europa

El carbón, la fuente de energía más contaminante y el mayor emisor de los gases de efecto invernadero,  asociado con el desarrollo industrial del siglo XIX, regresa al mercado energético con nuevas promesas: capturar y almacenar el carbono (CAC). La mayoría de las 30 centrales más contaminantes en Europa, según WWF/Adena, usan el carbón y se encuentran en Alemania, Reino Unido y Polonia.

“Las dos terceras partes de las centrales térmicas de carbón y de gas en Europa están llegando al final de su ciclo. Hay que tomar decisiones acerca de su futuro,” explica Jordi Ortega, experto en CO2 y director de Expo CO2, foro sobre la economía del cambio climático. Los promotores de las centrales térmicas de carbón  aseguran que las nuevas tecnologías absorberán el CO2, mientras que algunos ecologistas aseguran que tales tecnologías no existen. Aun así, se espera que los países europeos construyan unas 50 plantas de carbón en los próximos cinco años.

La italiana Enel planea terminar en 2011 una central termoeléctrica en Civitavecchia. Los ecologistas protestaron pero sus acciones no impidieron el comienzo de la construcción. En Dinamarca se construyó una planta piloto con la nueva tecnología y se prevén nuevas inversiones en Holanda, República Checa y Alemania. En comparación con otras fuentes de energía, producir la electricidad usando el carbón es más barato, pero el coste ambiental es de los más elevados.

Por lo que respecta a Espeña, las centrales térmicas de carbón suministran en la actualdiad un 15% de la energía eléctrica."La estrategia española de cambio climático y energía limpia: horizonte 2007-2012-2020” no descarta el uso de  las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CAC). Inicialmente, se exige un estudio para evaluar la idoneidad de su uso en España. Los ecologistas creen que el desarrollo futuro de esta tecnología está promovido por el sector del carbón, como justificación ante la construcción de nuevas centrales. Greenpeace afirma en un reciente informe, que el Gobierno está considerando posibles emplazamientos en Asturias, Cantabria, Aragón, País Vasco, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Andalucía, Madrid y Comunidad Valenciana. “La captura y almacenamiento de carbono no ayudará a evitar el cambio climático; despilfarra la energía, es arriesgado y caro”, según Raquel Montón, responsable de la campaña de Cambio Climático de Greenpeace. Pero Jordi Ortega disiente. “Sólo falta más investigación sobre el almacenamiento de CO2. La tecnología para su captura ya está desarrollada. Por otro lado, también falta investigación en la energía fotovoltaica. Hay que apostar por las tecnologías nuevas en todas las fuentes de energía y ver cuál es la más viable.” Ortega subraya que los ecologistas internacionales están divididos sobre este tema. Los sociólogos Víctor Pérez-Díaz y Juan Carlos Rodríguez, acaban de publicar el estudio Energía y Sociedad editado por el Club Español de la Energía donde analizan el grado del conocimiento ciudadano.  “El nivel de información sobre energía con que cuentan los ciudadanos es bajo y en algunos aspectos muy bajo. La gente no tiene idea del grado de dependencia energética del exterior. Piensa que la nuclear es la principal responsable de la contaminación atmosférica o cree que el carbón es una fuente de energía totalmente abandonada”.

 

Mirjana Tomic/Responsables.biz

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