Núm. 200 | 06.05.2008
A finales de los noventa varias ONG lanzaron una campaña para denunciar que el comercio de diamantes había financiado y continuaba financiado algunos de los conflictos africanos más sangrientos. En respuesta la ONU promovió la creación de un sistema de certificación que evitara la entrada de “diamantes ensangrentados” en el comercio internacional de este producto. La industria del diamante apoya este sistema y ofrece sus propias garantías. Esta es la historia del Proceso Kimberley.
Julio de 1999 Sierra Leona, tras ocho años de guerra civil las negociaciones entre el Gobierno de Sierra Leona y el Frente Revolucionario Unido (FRU) conducen a la firma del Acuerdo de Paz de Lomé. Se iniciaba, así, un proceso de paz que no culminaría hasta enero de 2002. Sin embargo, el acuerdo ponía fin a un sangriento conflicto que había generado miles de muertos, mutilados, mujeres violadas y desplazados, y en el que habían participado niños soldados. Una realidad atroz que produjo imágenes brutales distribuidas a lo largo del planeta por los medios internacionales.
A principios de octubre del mismo año se inicia una campaña impulsada por varias ONG europeas que denuncia que durante los años noventa el comercio de diamantes había estado financiado a grupos armados implicados en las guerras de países como Angola, Sierra Leona y Liberia. Según esta plataforma entre 1992 y 1997 en la guerra que se desarrollaba en Angola murieron medio millón de personas y los grupos armados que participaron en ella recibieron 3,7 billones de dólares de la venta de diamantes; mientras que en Sierra Leona murieron 50 mil personas y se exportaron de forma ilegal 200 millones de dólares en diamantes. De repente, un objeto asociado a la belleza y el lujo se convirtió en moneda de cambio para comprar armas y financiar grupos guerrilleros responsables de la muerte de miles de inocentes. La industria del diamante queda expuesta.
Detener el flujo de diamantes conflictivos
Global Witness, Medico International, Netherlands Institute for Southern Africa y Novib lideran esta campaña llamada 'Fatal Transactions' dirigida a reclamar a las entidades responsables del comercio de diamantes que implanten los controles necesarios para evitar que estos financien conflictos sangrientos. De Beers, empresa que en 1999 controlaba el 70% del comercio de diamante en bruto y el 50% de la extracción minera de este tipo de gemas, es exhibida por las ONG como una de las empresas a las que dirigir las protestas por sus responsabilidades dentro del comercio mundial.
La presión ejercida por la campaña y el estupor público que provoca llevan a la celebración , en mayo de 2000, de una reunión de varios estados productores de diamantes en la ciudad sudafricana de Kimberley para analizar el problema de los diamantes vinculados a conflictos armados. En julio, dos de las organizaciones que representan a la industria del diamante, la World Federation of Diamond Bourses y la International Diamond Manufacturers Association deciden, en nombre del sector, tomar cartas en el asunto y empiezan por fundar el Consejo Mundial del Diamante (World Diamond Council), destinado a desarrollar e implementar un sistema de rastreo para las importaciones y exportaciones de diamantes con el fin de prevenir su explotación para fines ilegales. La organización representa actualmente a 50 miembros de la industria del diamante de todo el mundo, desde empresas mineras, asociaciones de comerciantes hasta fabricantes y vendedores, De Beers incluida.
En diciembre se produce una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas que apoya la creación de un sistema internacional de certificación para tratar de romper los vínculos entre el comercio ilegal de diamantes y los conflictos armados. El objetivo de la certificación será impedir la entrada de estos diamantes en el mercado legal. Se inicia, de este modo, un proceso denominado Kimberley -por la ciudad en la que se produjo el primer encuentro relacionado con este asunto- que reunió a representantes de gobiernos, industria del diamante y de la sociedad civil. Después de largas negociaciones este esfuerzo colectivo se concreta en el Sistema Internacional de Certificación del Proceso Kimberley que se puso en marcha en enero de 2003.
El Sistema Internacional de Certificación del Proceso de Kimberley
En 2006 en todo el mundo se produjeron diamantes por valor de más de 12.000 millones de dólares. El 65% de los diamantes de todo el mundo proceden de África donde generan empleo para 28.000 personas sólo en el sur del continente y aportan más de 8.300 millones de dólares anuales a las economías de los países productores africanos. En definitiva, supone una fuente de ingresos valiosa que tiene como sus principales clientes a las industrias de los países desarrollados. El Sistema de Certificación Kimberley pretende proteger toda la cadena de producción y comercialización de los diamantes para establecer garantías en medio del comercio internacional.

Por su parte, la industria del diamante acordó un sistema de autorregulación voluntario en apoyo del Proceso Kimberley que afecta tanto a los diamantes en bruto como a los tallados. Este compromiso se basa en la adopción de un código de conducta para evitar la comercialización de diamantes de zonas de conflicto, informar en las facturas de que los diamantes proceden de zonas libres de conflicto y sensibilizar a los empleados sobre las medidas de la industria y los gobiernos por combatir el comercio ilegal de diamantes.
Actualmente, 74 países participan en este sistema y, según fuentes de la industria, con ello se garantiza que el 99% de los diamantes que comercializan no provienen de fuentes ilícitas que pudieran estar relacionadas con ninguna guerra. En 2006, dentro de este sistema de certificación y garantía, se importaron diamantes en bruto por valor de más de 54 mil millones de dólares y la India fue el principal importador de ellos, mientras que Europa exporta el 59% de los diamantes certificados.
La Unión Europea, como miembro del Proceso Kimberley, ha prohibido la importación de diamantes en bruto si no cumplen con los requisitos de este sistema de certificación. Las autoridades del Reino Unido, Bélgica y Alemania son las responsables comunitarias para la realización de los trámites de comprobación y control. Según informa la Asociación Española de Joyeros, Plateros y Relojeros, España sólo importa diamantes tallados, no en bruto, y lo hace a través de proveedores internacionales, principalmente de Amberes, donde el Sistema Kimberley está generalizado. Además, la Asociación apoyó a las ONG en su campaña por implicar al Gobierno español en el proceso Kimberley. “En el año 2001 la directora de relaciones institucionales de Intermón contacta con nosotros para explicarnos la situación humana que existe en ciertos países como Sierra Leona con la exportación de diamantes de los denominados de conflicto. Entonces nos pusimos a disposición de Intermón, e incluso fuimos con ellos a varias entrevistas a los medios de comunicación, y pedimos al Gobierno español que fuera un representante español al Proceso Kimberley para garantizar que, efectivamente, haya un comercio lícito de diamantes”, explica Giovanna Tagliavia, directora general de la Asociación Española de Joyeros, Plateros y Relojeros
Un proceso en evolución
Sin embargo, el proceso de certificación de los diamantes es complicado y no todos los países que suscriben el sistema consiguen mantener un control apropiado sobre ellos. Si un país no cumple sus compromisos puede ser sancionado o expulsado del sistema. En 2004, la República del Congo fue expulsada del Proceso Kimberley porque no podía garantizar el origen de una cantidad importante de los diamantes que estaba exportando. “Los participantes del Proceso Kimberley necesitan tener plena confianza en que no están entrando en el comercio legítimo diamantes conflictivos. La salida de la República del Congo de la lista de participantes es necesaria para proteger la credibilidad e integridad del Sistema de Certificación del Proceso Kimberley”, declaró Tim Martin presidente en aquella fecha del Proceso Kimberley en representación de Canadá. En 2005 Costa de Marfil vivió una situación similar y recibió sanciones de la ONU sobre sus exportaciones e importaciones de diamantes.
El caso más reciente es el de Brasil. En abril de 2006, y tras las denuncias de la ONG Partnership Africa Canada, se detectaron anomalías y debilidades en las garantías que ofrecía el país americano. El Gobierno de Brasil actuó inmediatamente y detuvo sus exportaciones de diamantes en bruto para remediar la situación de la mano del Proceso Kimberley. Sin embargo, Brasil continúa formando parte del sistema.
Precisamente, en estos errores del sistema se apoyan las críticas de las ONG. Amnistía Internacional reivindica que se excluya a Ghana del Proceso Kimberley mientras no existan controles que impidan el comercio ilegal de diamantes en conflicto a través de este país africano. En octubre del 2006, un Grupo de Expertos de las Naciones Unidas sobre Costa de Marfil concluyó que un importante volumen de diamantes procedentes de zonas de conflicto, controladas por grupos rebeldes en el norte de la Costa de Marfil, estaba siendo introducido clandestinamente en Ghana. Además, en el caso español piden al Gobierno y a la industria un control más exhaustivo, que en el caso de esta última pasa por pedir garantías a los proveedores sobre la procedencia de los diamantes y ofrecerlas, asimismo al consumidor. Según una encuesta realizada por Amnistía entre febrero y septiembre de 2007 en 100 joyerías españolas sólo uno de cada cinco joyeros conoce el Proceso Kimberley.
Durante 2007 la Unión Europea ostentó la presidencia del Proceso Kimberley y celebró en noviembre en Bruselas su último plenario con buenas noticias, Turquía y Liberia se incorporaban al sistema, y Congo era readmitido. Sin embargo, Ghana permanece en duda y se detectan nuevos problemas en Venezuela. En la agenda para 2008, el propósito de fortalecer el control y ahondar en las garantías del Proceso Kimberley. En definitiva, el proceso avanza y encuentra dificultades pero encierra un importante objetivo que resume claramente Giovanna Tagliavia: “Los diamantes no son sólo un objeto de deseo sino que son diamantes también para el bienestar. Hay una industria que está ayudando muchísimo a todos estos países africanos que están comerciando legítimamente. Nunca se tiene que hablar del diamante en un sentido negativo sino verificar que el diamante, como cualquier otra producto, no proceda de un comercio ilícito y que no se haya producido explotación de los derechos humanos”.