CRISIS

Brent Spar, punto y a parte
Shell pasa de llevar a trámite el desmantelamiento de una instalación a ver como le queman sus estaciones de servicio

Shell tuvo que hacer frente a una campaña de Greenpeace que tuvo un éxito inusitado en Europa

Brent Spar, punto y a parte

 Núm. 194 | 11.03.2008

Hay historias que marcan una diferencia y en el mundo de la Responsabilidad Corporativa, el caso Brent Spar es uno de esos hitos. La demostración patente de cómo lo que hacen las empresas está bajo el ojo público. En 1995 el hundimiento en una plataforma petrolífera de la compañía Shell en el Mar del Norte se convierte en una de las grandes victorias del movimiento ecologista.

En la página web de la empresa anglo-holandesa Shell es fácil encontrar todo un apartado dedicado al mal trago que la compañía tuvo que pasar con la plataforma petrolera Brent Spar. Es asombrosa la cantidad de datos y reflexiones acerca de este tema que Shell ha volcado en este espacio.  Con toda esta información la empresa es la fuente principal para conocer este episodio acaecido en 1995.  Este hecho, que puede parecer anecdótico, tiene un importante significado: Shell no quiere y no puede permitirse olvidar lo que ocurrió.

La plataforma Brent Spar dejó de funcionar en 1991, después de 15 años al servicio de las empresas Shell y Esso. Se trataba  de  un inmenso tanque de petróleo y boya de carga situada en el Mar del Norte, creado por estas compañías para la explotación de un yacimiento de petróleo antes de que éste fuera conectado por tuberías.  En total, 14.500 toneladas que convertían a la Brent Spar en una instalación única.

Después de estudiarlo, Shell consideró que la mejor opción para desmantelar la Brent Spar era hundirla en aguas profundas del Atlántico Norte a 150 millas de la costa escocesa. La mayor parte de las plataformas eran desmanteladas en tierra pero en este caso las dimensiones y el peso de la estructura suponían una dificultad añadida y un riesgo que la compañía prefería evitar. El Gobierno de Reino Unido coincidió con el plan presentado por la empresa y en febrero de 1995 le dio luz verde, informando del proyecto a la Unión Europea y a los doce países europeos que habían firmado la Convención de Oslo para la protección del medio marino. No hubo objeción en contra.

Sin embargo, el 30 de abril varios activistas de Greenpeace ocupan la plataforma para detener su hundimiento alegando que constituye una ‘bomba tóxica’ cargada con 5.550 toneladas de petróleo.  A mediados de los 90 existían aproximadamente unas 6.500 plataformas dedicadas al gas o al petróleo en todo el mundo, 400 de ellas en el Mar del Norte. Evitando el hundimiento de la Brent Spar Greenpece quería sentar un precedente que permitiera prohibir el hundimiento como método para el desmantelamiento de estas instalaciones.

Por supuesto, Greenpeace no era una desconocida para Shell ni para el resto de las empresas petroleras. Desde que la organización comenzará sus campañas de activismo ambiental en 1971, las petroleras habían tenido oportunidad en varias ocasiones de constatar la singularidad de sus protestas. Sin embargo, como la propia Shell reconoce, no fueron capaces de prever el impacto que la reivindicación de Greenpeace podría tener en la opinión pública europea.  La empresa había valorado riesgos y costes, había cumplido con los requerimientos y trámites legales, pero no fue capaz de detectar la sensibilidad creciente de los grupos sociales a los que su decisión podía afectar.

 

 

El lema “el mar no es un basurero” conquista a la opinión pública


16 de mayo, todos los partidos de la oposición en el Reino Unido condenan los planes de hundimiento de la plataforma.  Un día después varios ministros belgas condenan la decisión del Gobierno británico de consentir el hundimiento.  El mismo día Islandia insta al Gobierno británico a reconsiderar su posición.  Mediados de junio, en Alemania se incrementan las protestas contra las gasolineras de Shell, caen las ventas y algunas estaciones son atacadas: 50 son dañadas, 2 incendiadas y una tiroteada. El día 16 el canciller Kohl traslada su protesta por la Brent Spar al Primer Ministro británico John Major durante las reuniones del G7.

Mientras, la empresa le pone difícil la ocupación a los activistas y con cañones de agua intenta bloquear el paso a los miembros de Greenpeace que se acercan a la plataforma en lancha para llevar suministros a los que están ocupando la instalación.  El 23 de mayo, los activistas son desalojados de la plataforma para volverla a ocupar el 16 de junio mediante un helicóptero desde el que se descolgaron a la plataforma varios miembros de Greenpeace. Toda esta secuencia de hechos ambientada en el Mar del Norte generó unas imágenes de singular espectacularidad que fueron difundidas de forma masiva por los medios de comunicación, agudizando hasta el extremo la visibilidad e impacto del conflicto. 

En dos meses Shell pasa de llevar a trámite el desmantelamiento de una instalación a ver como le queman las estaciones de servicio y las imágenes de la ocupación de la Brent Spar se convierte en las televisiones internacionales en la narración épica de cómo salvar el mar. Mientras, el Gobierno británico se niega a retroceder en su postura de apoyar el hundimiento y Esso, copropietaria de la plataforma, pasa inadvertida ante la opinión pública.

El 20 de junio Shell desiste en su empeño y se rinde a la presión.  El Gobierno británico acepta la decisión y la Spar queda anclada en las aguas noruegas de Erfjord.  Para dar una salida definitiva a la crisis Shell opta por el diálogo y crea el programa “Our Way Forward”.

 


Shell busca una salida a la crisis

Realmente, la empresa consideraba que los análisis que había encargado demostraban que el hundimiento de la plataforma era la mejor opción a todos los niveles, sin embargo, entendió que, llegados a esta situación, ya no era una decisión que pudiera tomar en solitario.  En octubre de ese año, Shell abre un concurso público buscando la mejor idea para deshacerse de la plataforma sin hundirla. 

La empresa ganadora de este concurso de ideas fue Wood-GMC con un plan para reciclar  la plataforma en la ampliación del muelle noruego de Mekjarvik.

Un mes antes, en septiembre, Greenpeace reconoce que se equivocó en la estimación que hizo sobre el contenido de la Brent Spar.  Meter Melchett, director ejecutivo de la organización, envió una carta pública a la compañía pidiendo disculpas y admitiendo que hicieron mal sus cálculos y que no sabe cuánto crudo queda en el tanque de la Brent  Spar.  Si bien, hoy en día, Greenpeace afirma que ese dato nunca fue el eje central de su campaña, sí fue uno de los argumentos que incidió en su impacto público.

Sin embargo, a esas alturas, todo el proceso estaba en marcha y Shell debía recuperar el terreno perdido ante los ciudadanos, los gobiernos y los medios de comunicación.
 
El proyecto de la Wood-GMC culmina en julio de 1999 con un coste final de 41 millones de libras frente al estimado inicial de 21.5 millones.  Si al proyecto de reciclaje de la Brent Spar se suman los costes de detener el proyecto de hundimiento original el coste final asciende a 60 millones de libras, es decir, aproximadamente, al cambio de la época,  60 millones de euros más de lo que tenía previsto.

Para Greenpeace, el logro es absoluto y culmina cuando el 23 de julio de 1998 los ministros de medio ambiente de la Comisión OSPAR reunidos en Sintra, Portugal, votan de forma unánime a favor de prohibir el vertido de las instalaciones marítimas de acero al Mar del Norte y al Noreste Atlántico.

Pero esta no es una historia de vencedores ni vencidos, ni de antagonismos irreconciliables, se trata de una lección de realidad y transformación social. Las sociedades cambian, los intereses se trasladan y lo que en el año 1990 hubiera sido valido cinco años después dejó de ser razonable y eficiente.  Esos 60 millones de euros son prueba de ello.

El caso Brent Spar anunciaba los cambios que tendrían que afrontar las empresas del siglo XXI, los riesgos emergentes y las nuevas estrategias de gestión que serían necesarias para estar a la altura de un mundo que afronta retos cada vez más globales. Shell lo sufrió en su propia piel e intentó sacar provecho de la experiencia situándose como referente en los procesos de desmantelamiento de plataformas petroleras. Sin embargo, esa marca ha quedado en su historia y la empresa sabe que no se puede volver a repetir.  Una lección para la petrolera y para el mundo empresarial.

Más información en:

http://www.shell.com/home/content/uk-en/about_shell/brentspardossier/dir_brent_spar.html

http://www.greenpeace.org/international/about/history/the-brent-spar

Alma Pérez | Responsables.biz

COMENTARIOS

2 Comentarios
  • 1

    Día - Hora: 10.08.2008 - 15:29:43

    KingStar

    Desde luego que lo que hizo Greenpeace no fué de lo más honesto... pero en fin, la campaña sirvió para que la sociedad supiera lo que se hacía antes con las plataformas viejas e inservibles: simplemente hundirlas, sin medir impactos. Aunque sea por eso...

  • 2

    Día - Hora: 19.03.2008 - 12:45:25

    Hans rott

    Y Greenpeace? No se vio afectada su credibilidad? A mi parecer la perdió totalmente al mentir de forma descarada.. pero ya se sabe.. en las películas siempre hay buenos y malos, pero diria que la realidad no es tan clara... Entonces, según Greenpeace todos los informes de expertos del Gobierno y de Shell eran erróneos? Y si la mejor opción para todos era el hundimiento? Los arboles no nos dejan ver el bosque..

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