Núm. 219 | 18.11.2008
La ciudad suiza de Basilea se ha convertido en un auténtico campo de experimentación. En ella se ha comenzado a materializar el proyecto ‘2.000-Watt Society’, por el que el Instituto Federal Suizo de Tecnología trata de demostrar que con la mejora de la eficiencia energética y el uso generalizado de renovables, se podría conseguir una sociedad sostenible en el año 2050. Una de las claves se basa en el consumo energético individual: 2.000 vatios por persona y año es sinónimo de sostenibilidad.
El consumo energético mundial provoca la emisión de 28.000 millones de toneladas CO2 por año. El último informe ‘Key World Energy Stadistics 2008’ de la Agencia Mundial de la Energía toma datos del 2006 y revela que, de estas 28.000 megatoneladas de CO2, el 41,7% proviene del uso del carbón; el 38.5 % del petróleo; el 19,4% del gas; y el 0,4% de “otros”, entre los que se incluyen las energías renovables y la biomasa. En total, en 2006 se produjo una cantidad de energía equivalente a la que se produciría al usar 11.741 millones de toneladas de petróleo.
Pero, ¿qué porcentaje de responsabilidad tiene cada individuo? ¿Qué cantidad de energía consume de media cada ciudadano del planeta? Desde 1998, los investigadores del Instituto Federal Suizo de Tecnología (ETH, Eidgenössische Technische Hochschule) tienen un objetivo: 2.000 vatios por año.
Para los científicos del ETH, esta cifra significa la sostenibilidad: es el nivel de consumo individual con el que se podría conseguir el desarrollo sostenible mundial. Si todos los ciudadanos del mundo consiguieran situar sus niveles de consumo en 2.000 vatios, se garantizaría que la demanda energética global nunca crecería en mayores proporciones que la población mundial.
Los 2.000 vatios son la media del consumo energético mundial por persona en un año. Y como suele ocurrir, unos factores aportan a la media mucho más que otros. En este caso, la diferencia cuantitativa se establece entre ciudadanos de países desarrollados y ciudadanos de países en desarrollo. Así, un estadounidense consume 12.000 vatios por año; un español 6.000; y un suizo 5.000. Mientras, un bangladeshí consume cerca de 260 vatios por año.
Uno de los principios fundamentales en los que se basa la ‘2.000 Watt Society’ es que esta desigualdad es, en sí misma, insostenible. Si los países en vías de desarrollo incrementasen sus niveles de consumo energético a niveles de los países industrializados, por ejemplo, a niveles europeos, la demanda energética global se duplicaría. Si se equiparasen a los niveles de consumo norteamericanos, dicha demanda energética mundial se multiplicaría por más del triple. Sería, en definitiva, llegar a unos niveles de consumo energético destructivos para el medio ambiente. “La 2.000-Watt Society da a los países industrializados un objetivo para recortar su consumo energético a la vez que asienta un límite para el crecimiento de los países en vías de desarrollo”, según recoge el documento ‘Steps Towards Sustainable Development’, publicado en 2004 por el ETH y conocido como ‘Libro Blanco’ sobre la ‘2.000-Watt Society’.
Y a raíz de esta idea nació el proyecto ‘2.000- Watt Society’.El Instituto Federal Suizo de Tecnología comenzó a desarrollar el proyecto en 1998 bajo la dirección del arquitecto y especialista en desarrollo sostenible Roland Stulz. El objetivo es demostrar que es posible crear una sociedad sostenible en la que cada individuo consuma 2.000 vatios de energía sin sacrificar comodidades ni calidad de vida. ¿Cómo? Desde el ETH se afirma que “no hay una formula”, pero hay un camino: “tres cosas son necesarias: decisiones que impliquen a toda la sociedad; innovación técnica; y esfuerzos individuales por los que las personas ejerzan un consumo responsable de la energía”.
A largo plazo

Y si por ende ya existe la tecnología adecuada, la ’2.000- Watt Society’ se puede llevar a la práctica. Un suizo consume 5.000 vatios de energía por año, lo que significaría que para conseguir ser un ciudadano de 2.000 vatios, debería reducir su consumo en un 60%. Obviamente, es un objetivo inalcanzable a corto plazo, pero el proyecto propone que el consumo energético se podría reducir a la mitad hacia el año 2050 si se unieran esfuerzos para conseguir una reducción del 10% por década, lo que significa una reducción del consumo del 1% por año.
“Un requisito para conseguir los objetivos es una rigurosa adaptación de edificios y equipamiento, vehículos e instalaciones. Sin una mejora en los materiales y en la eficiencia energética y sin un uso selectivo de los recursos, la ‘2.000- Watt Society’ se quedará en una mera declaración de intenciones”, afirmaba dos años atrás el director de este proyecto, Roland Stulz, durante su ponencia en el seminario ‘Imagine’. Así, en la práctica, los mayores esfuerzos se centrarían en la mejora de eficiencia de edificios y transporte.
El campo de trabajo: Basilea
La ciudad suiza Basilea ha sido el lugar elegido para experimentar de manera práctica si es posible construir una sociedad de 2.000 vatios. La elección de esta zona como campo de trabajo no es casual: “Primero, la región se caracteriza por una alta concienciación sobre el medio ambiente y la sostenibilidad. Segundo, en ella se encuentran las sedes de grandes multinacionales como Novartis y Roche, y tiene una fuerte economía local. Y tercero, está asentada el corazón de Europa, en la frontera de Suiza colindante con Francia y Alemania, por lo que su posición hace de la ciudad un centro de encuentro para la cultura, la educación y el comercio”, según explicaba Stulz en la misma ponencia.
Desde sus comienzos en 2001, el proyecto piloto de Basilea ha volcado sus esfuerzos, sobre todo, en el desarrollo urbano y los problemas de movilidad. Para desarrollar los diversos proyectos que tratan de hacer de Basilea una ciudad sostenible el ETH creó Novatlantis, con Roland Stulz como director ejecutivo del nuevo instituto dedicado al desarrollo de proyectos relacionados con la ‘2.000- Watt Society’.
Así, desarrollan iniciativas concretas que, sumados, materializarán la ‘2.000- Watt Society’. En el ámbito de la ‘Construcción’, Novatlantis hace pruebas con tecnologías de construcción sostenible y las intenta mejorar para que se pueda extender su aplicación, todo ello a través del programa ‘Pilot and Demostrated Projects’ (P+D Projects). Un ejemplo ubicado en Basilea es el ‘Novartis Campus of Knowledge‘, que muestra cómo puede minimizarse la energía usada para la calefacción “simplemente usando las adecuadas medidas estructurales, de modo que las necesidades de calefacción se pueden cubrir tan sólo con el calor que se produce en el interior del propio edificio”.
El otro punto fuerte es la ‘Movilidad’. A través del ‘Experimental Space Mobility’, Novatlantis propone cuatro pasos a seguir para hacer que el tráfico de Basilea y la sociedad suiza en general sea más sostenible: una reducción en la demanda de transporte; fomentar el transporte público tanto como sea posible; mejora de los vehículos hacia una mayor eficiencia energética; y la sustitución del petróleo por otros combustibles renovables. Respecto a este último punto, destaca el proyecto ‘Experimental Space H2”, por el que el ETH y el Gobierno de Basilea tratan de mostrar que la movilidad con cero emisiones puede conseguirse a través del hidrógeno.
Financiación y avances
Respecto a la financiación, desde Novatlantis cuentan que en 2005, el Gobierno del cantón de Basilea les dotó de una subvención por 1,6 millones de francos suizos (cerca de un millón de euros) para las áreas de ‘Construcción’ y ‘Movilidad’ de cara a los próximos cuatro años. Además, suelen contar con el apoyo económico de empresas privadas de diversos sectores, dependiendo del carácter del proyecto. Por ejemplo, dentro del área de ‘Movilidad’, las empresas Bosch y Volkswagen colaboran en la iniciativa ‘Clever’, por la que tratan de desarrollar una pila de combustible híbrida eléctrica-gas natural que proporcionará “un 20% más de energía y reducirá las emisiones en un 40% respecto a los coches tradicionales”.
Los avances del proyecto ‘2.000- Watt Society’ son visibles. A las dos líneas principales de proyectos piloto en Basilea, ‘Construcción’ y ‘Movilidad’, se le han sumado recientemente otras dos áreas: ‘Espacios y recursos’ y ‘Suministro de energía’. La primera, focaliza su trabajo en el aprovechamiento sostenible del espacio y en el uso e investigación de materiales más respetuosos con el medio ambiente.

Por su parte, desde el área de ‘Suministros de energía’ se investigan recursos energéticos renovables. ‘Metano desde madera’ es el principal proyecto que promueve este área, a través del que se investiga la producción de combustible de bajas emisiones para vehículos tomando como materia prima madera de los bosques suizos; quemándola para producir biogás y, gracias a la gasificación térmica, distribuyendo el combustible por la red de conductos ya creada para el gas natural. Ya se ha construido la primera planta de gasificación de madera en la localidad austriaca de Güssing, la instalación pionera que produce este combustible para automóviles que ha sido bautizado con el nombre de ‘Gas Natural Sintético’.
El proyecto ‘2.000-Watt Society’ no sólo se extiende en cuanto a sus áreas de investigación. También comienza a abarcar más territorio. Los gobiernos de las ciudades de Zúrich y Génova se han sumado a la iniciativa del Instituto Federal Suizo de Tecnología.
La sociedad de los 2.000 vatios se ha convertido en la propuesta de Suiza para lograr el desarrollo sostenible y luchar contra el cambio climático. Tras la ‘2.000 Watt-Society’ hay una fuerte apuesta por las nuevas tecnologías aplicadas a la eficiencia energética y por las renovables como una fuente de abastecimiento que en un futuro llegará, y están convencidos, a sustituir casi por completo al sistema actual de abastecimiento a través de recursos finitos. Pero también hay una apuesta por la suma de acciones individuales que lleven a la reducción del consumo personal de energía, y todo ello sin sacrificar la calidad de vida actual ni el nivel de desarrollo económico.
El proyecto de la ‘sociedad de los 2000 vatios’ plantea una revolución tecnológica dirigida a la eficiencia energética y el uso limitado de los recursos. Sin embargo, no olvida la necesidad de mantener la calidad de vida y garantizar un reparto equitativo del consumo de energía entre todos los humanos. Pero, sobre todo, constata un hecho que debe invitar a la reflexión: lograr la sostenibilidad hoy en día requiere un consumo menor de energía.
1
Día - Hora: 29.11.2008 - 12:57:11
Noa
El articulo comenta que la sociedad suiza está muy concienciada con el tema de la sostenibilidad y cambio climático, creo que este punto seria el más complicado de extender al resto del mundo, tanto por el egoismo personal de no renunciar a ciertas facilidades por un mejor futuro como al escepticismo sobre el tema.
Por otra parte, no creo que conseguir ^metano desde madera^ sea una situacion muy sostenible, no me gusta la idea, pensamos que mejoramos mientras en realidad seguimos aprovechandonos fieramente del medio ambiente
2
Día - Hora: 18.11.2008 - 19:33:56
Hungrys
Claro que esto se lo pueden permitir porque es un país muy desarrollado o, desde otro punto de vista, uno de los más célebres paraísos fiscales.