EDITORIALES

Una propuesta poco sostenible

La directiva ‘Tiempo de trabajo’ contradice la construcción de un modelo económico europeo socialmente responsable

Núm. 206 | 17.06.2008

En marzo de 2006 la Comisión Europea emitía una comunicación titulada ‘Poner en práctica la asociación para el crecimiento y el empleo: hacer de Europa un polo de excelencia de la Responsabilidad Social de las Empresas’. El documento suponía el espaldarazo comunitario a una filosofía de hacer empresa, marcada por la defensa de un modelo social respetuoso con el medio ambiente y compatible con la competitividad y la generación de riqueza.

 Parecía, hasta hace unos días, que la Comisión había apostado por dar el protagonismo a las empresas en la construcción de una Europa sostenible. De algún modo, consagraba la visión de un modelo económico europeo, orientado a la conquista de mayor cohesión social, más equidad entre sus ciudadanos y mayor protección del medio ambiente, sin perder la capacidad de crecimiento y competencia de sus empresas. Sin embargo, esa misma Comisión apoya la implantación de la jornada laboral de 60 horas. 

El debate sobre la directiva de ‘Tiempo de trabajo’, que ahora está en manos del Parlamento, define un futuro marco para la contratación que casa difícilmente con una Europa excelente en responsabilidad social de sus empresas. La propuesta ha despertado una gran polémica y una oposición casi generalizada entre los agentes sociales españoles. Los sindicatos valoran la posible aprobación de la directiva como un grave retroceso en los derechos de los trabajadores, mientras que la CEOE, aun demandando mayor flexibilidad de las jornadas, no considera que deba ser a costa de prolongarlas más allá de las 40 horas. Tampoco le han faltado los apoyos a esta iniciativa, como el dado por las patronales catalanas Cecot y Pimec, que entienden que no cambia sustancialmente lo que ya recoge la normativa española y que esta jornada beneficiará a empresa y trabajador, especialmente en contextos de globalización.

 Es posible que haya un debate pendiente acerca de la normativa laboral europea, incluso que esta deba hacer nuevas adaptaciones a los cambios producidos en la economía global durante las últimas décadas. No parece, sin embargo, que la nueva directiva  sea la vía más adecuada. Una jornada de 12 horas/ promedio colisiona frontalmente con algunos de los fundamentos de la  Responsabilidad Corporativa. No es, por ejemplo, compatible con la armonización de la vida laboral y familiar, que incluye desde el cuidado de otras personas, a la logística cotidiana, pasando por los  necesarios descanso y ocio. Tampoco parece que sea la mejor estrategia para combatir la desigualdad en el trabajo, penalizando nuevamente  a colectivos como el de las mujeres, soportadoras  de la mayor parte de las tareas doméstico-familiares. Y desde luego, no se apunta como la mejor de las políticas para combatir la lacra de la siniestralidad laboral. 


En resumen, es difícil entender qué tiene que ver el contenido de esta directiva con la sostenibilidad, cómo encuadrarlo en la construcción europea de sociedades más igualitarias y con mayor bienestar social. Parece más bien una incongruencia, que aleja a Europa del desarrollo sostenible del que hace tanta gala. Ni siquiera  resulta comprensible en términos de productividad a menos que el modelo propuesto sea competidor de la producción “fabril” asiática, que exhala un ‘demodé’ tufillo estajanovista, en pleno siglo XXI. Cabe, no obstante, la posibilidad de que el Parlamento Europeo sea más  sensible al posible retroceso que supondría seguir por este camino, precisamente ahora que el proyecto europeo no pasa por uno de sus mejores momentos.


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