EDITORIALES

Una ambición colectiva llamada Obama

Hay razones para pensar que la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos  traerá mejores tiempos para el desarrollo sostenible global. Cualquier giro más progresista, en términos sociales y ambientales, en la Administración estadounidense  puede favorecer los acuerdos multilaterales necesarios para avanzar en sostenibilidad y servirá de ejemplo para los países bajo su influencia. Sólo hay que recordar que la Administración Bush se negó a firmar el Protocolo de Kyoto y que, en breve, habrá que conseguir otro acuerdo que le sustituya para consensuar drásticas reducciones de las emisiones más allá de 2012.

Por lo pronto, el programa electoral de Barack Obama incluye  el compromiso de implementar un programa para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 80 % para 2050, al tiempo que pretende que en 2012 un 10% de la electricidad que consumen los estadounidenses provenga de fuentes de energía renovables, porcentaje que llegaría el 25% en 2050.Y es que la propuesta demócrata incluye la inversión de 150.000 millones de dólares durante 10 años para avanzar en la creación de la próxima generación de biocombustibles e infraestructuras relacionadas con el combustible, acelerar la comercialización de coches híbridos, promover el desarrollo comercial de la energía renovable, invertir en plantas de carbón con bajas emisiones, y comenzar la transición hacia una nueva red eléctrica digital.  Todo ello acompañado de la formación de la fuerza laboral del país para generar cinco millones de empleos verdes. 

Es difícil creer en la viabilidad de todas las promesas que ha hecho  Barack Obama, en que su gestión impulsará la creación de una economía global basada en la sostenibilidad. Muchos ya dan por descontado su fracaso. Sin embargo, el hecho de que el presidente Obama, el gestor, el hombre, fracase en sus propósitos no constituye el nudo central de la trama que ha protagonizado el candidato demócrata.

En estos días de crisis, inicios y fines, reformulaciones y fundaciones, las tertulias y análisis se nutren de sentencias maximalistas, de cantos pragmáticos que anuncian de forma paternalista la decepción generalizada que provocará la llegada efectiva de Obama al poder. Parece  que muchos se complacen en ver la crónica de estos tiempos en términos de cuento infantil, con su historia diáfana y simple para llegar a la educativa moraleja. El mundo recogido en una expresión de causa y efecto, donde la realidad la construyen unos pocos actores que informan de cuando acaban y empiezan los problemas de la humanidad. El capitalismo  ha muerto, ¡viva el capitalismo!

Afortunadamente, la realidad no es tan evidente ni se concluye y comienza en reuniones de jefes de estado dedicadas a refundar sistemas económicos.  Otra cosa sería bastante desconcertante. Habría que preguntarse: ¿por qué no se reunieron antes? Por lo tanto, hay que ir más allá del escenario público, de la orquestación aparente de los acontecimientos  para entrever como lenta, pero tozudamente, va evolucionando el mundo.
Barack Obama no sólo ha conseguido la presidencia de los Estados Unidos, ha inoculado una esperanza inusitada en miles de sus conciudadanos hasta fraguar un movimiento social que ha trascendido a su persona. Prueba de ello, es la euforia colectiva que ha provocado su elección y el apoyo social que ha recibido fuera de su propio país. Las televisiones internacionales han mostrado de forma eficiente la dimensión global del fenómeno Obama y cómo la promesa de cambio encarnada en el senador ha encendido una luz de esperanza en muchas personas que no habitan en el país americano.

Si el presidente Obama consigue o no cambios radicales en la administración de los Estados Unidos sólo el tiempo lo dirá, lo esencial es que el deseo ya está expresado. Lo que comenzó como una candidatura  a la presidencia de un país se ha convertido en la revelación de una voluntad colectiva, de un deseo de millones de personas decididas a poner energía y empeño en buscar nuevos caminos para gobernar sus países, y por extensión sus vidas.  Será muy difícil ignorar esto en el futuro porque es la expresión de un punto y aparte.  Hay voluntad y ambición de cambio, Barack Obama sólo ha inducido la fe en hacerlo posible, convirtiéndose en la encarnación de una empresa colectiva.

Así que la recomendación es huir de los discursos previstos, de las lecciones paternales que auguran los límites del cambio, esos métodos no ayudarán a afrontar los retos sin precedentes que enfrenta la economía, el medio ambiente y la sociedad mundial.  El pulso de esta era está en toda esa energía canalizada a través del proceso electoral estadounidense. Allí apunta el futuro. Barack Obama simplemente es lo que hace una sociedad para conseguir otra sociedad.


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3 Comentarios
  • 1

    Día - Hora: 18.11.2008 - 22:44:26

    Joana Nebot M.

    Desde luego es un éxito del marketing, sostenible, si querés, pero el texto apunta bien, si se ve la respuesta a un deseo común de cambio, porque algo salió mal. Que lo logre o no, se verá, como dice Jose...

  • 2

    Día - Hora: 18.11.2008 - 19:47:08

    Pepe

    Los americanos, grandes maestros del marketing, lo han vuelto a conseguir. Hoy vende lo sostenible, y Obama da la sensación de ser un mero slogan, una acertada imagen corporativa, un buen packaging... Ojalá me equivoque.

  • 3

    Día - Hora: 18.11.2008 - 17:38:10

    Jose

    Vista la fuerza con que ha entrado el nuevo presidente, nadie discutiría que se trata de una revolución en toda regla, eso si, una revolución al estilo norteamericano, con campañas millonarias, ropa de diseño y votantes comercializados. Tal y como dice el artículo, lo que el futuro nos depara con esta elección histórica sólo lo sabremos cuando lleguemos. Desde luego yo me fijaría más en la evolución involucionada que está siguiendo China. ¿A que nadie conoce como se llama su jefe de Estado? No es atractivo, o dicho de otro modo, no vende. Seamos consecuentes con lo que se nos viene encima.

    Un saludo de un antiguo y efímero empleado de Responsables Consulting S.L.

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