En los tiempos que corren, cuando los días amanecen con una debacle financiera y acaban con datos sobre el incremento del paro, hay un mensaje claro que transmitir a las empresas: si su Responsabilidad Corporativa no se ha visto afectada por la crisis no es Responsabilidad Corporativa.
Si en los últimos meses nada ha ocurrido en las políticas y medidas que se engloban dentro de lo que su empresa considera su Responsabilidad Corporativa es probable que usted no cuente verdaderamente con Responsabilidad Corporativa. Tal vez sin saberlo esté financiando una elaborada política de marketing pero, desde luego, no de RC. Por otro lado, no es para quedarse tranquilo con haber reaccionado a la crisis recortando el presupuesto de RC, más bien lo contrario. Si este es su caso también es probable que no cuente con RC. Puede que sea algo relacionado, tal vez Acción Social, pero no Responsabilidad Corporativa.
En esencia, la RC es el nombre que se ha otorgado a una estrategia empresarial destinada a articular una relación entre empresa y entorno, sólida, positiva y eficiente que apuntale la confianza de la sociedad hacia la organización empresarial. Una confianza basada en la creencia de que la entidad en cuestión perseguirá su lucro en el mercado con el mayor respeto a las personas implicadas en sus actividades y a los recursos ambientales que pertenecen a todos.
Por otro lado, esta ambicionada relación le sirve a la empresa para entender mejor el mundo que le rodea, practicando un análisis más acurado de los complejos factores que se desarrollan en la sociedad, y que van de ésta al mercado. Podría decirse que la RC aspira a ser un poderoso sensor capaz de detectar las transformaciones que conectan empresa y sociedad. Así, se anticipan los cambios de escenario y se consideran en la estrategia empresarial con mayor velocidad y capacidad de diagnóstico que el de aquellas entidades que no cuentan con una herramienta de este tipo.
Por lo tanto, la crisis que nos ocupa, como convulsión no sólo económica sino social, debería tener un fuerte reflejo en ese sismógrafo. Desafortunadamente, la coyuntura social del último trimestre de 2008 comparte pocas cosas con la situación de hace unos años. Los problemas son otros, las prioridades distintas y algunas son urgentes. Las políticas de Responsabilidad Corporativa no pueden permanecer impasibles, debe producirse una reacción.
Una reacción que no tiene que ver tanto con la reducción del presupuesto de RC como con su capacidad para contribuir a fortificar la confianza de la sociedad en esa voluntad de la empresa de participar en el mercado no sólo para conseguir un objetivo económico particular sino para merecer la consideración de unos empleados, clientes, proveedores, accionistas y, en conjunto, de la sociedad.
Para ello, es imprescindible un alineamiento entre la identidad de la empresa, su negocio y su Responsabilidad Corporativa. Una relación que debe ser ahora más evidente que nunca porque en este contexto de crisis, donde la confianza flaquea hacia todo el sistema, es imprescindible vigilar con un celo absoluto las responsabilidades primordiales de la empresa, aquellas inaplazables. Para aquellos que duden sobre cuáles son esos asuntos inaplazables dentro de la RC, una prioridad sobre la que trabajar: el empleo.