Núm. 209 | 08.07.2008
En pocos sectores como en el petrolero resulta tan complejo el ámbito que abarca la Responsabilidad Corporativa. Ello debido precisamente a la naturaleza de su actividad en la que confluyen con elevada intensidad los aspectos económicos, sociales y ambientales.
Sólo en el último cuarto de siglo la demanda mundial de energía se ha incrementado aproximadamente en un 60%, siendo el petróleo la principal fuente de alimentación de todo el sistema energético. Y las previsiones consolidan esta tendencia. La Agencia Internacional de la Energía estima que la demanda energética aún aumentará en un 55% hasta 2030, y el petróleo copará el 32% de ella. Es decir, el funcionamiento del sistema productivo mundial se basa en un consumo creciente de energía y, en concreto, de crudo. De este modo, las compañías petroleras juegan un papel crucial dentro del sistema económico, no sólo como un próspero negocio sino como garantes del suministro energético que propicia el crecimiento futuro. Esto no les asegura, sin embargo, un tránsito tranquilo hacia una economía más sostenible sino que añade dificultad a una actividad ya de por sí difícil.
Las petroleras operan habitualmente en entornos de gran valor natural y, con frecuencia, en países en vías de desarrollo, lo que les lleva a tratar con diferentes culturas, sistemas regulatorios y colectivos específicos como los pueblos indígenas. La propia operativa de la producción petrolera requiere de atención importante en términos de seguridad laboral y errores técnicos que pudieran derivar en catástrofes naturales. Pero además, deben responder al reto de mantener una producción suficiente y sostenida que satisfaga la demanda mundial y, al mismo tiempo, encontrar alternativas tecnológicas que les permitan, no solo reducir sus emisiones de gases contaminantes sino innovar respecto a fuentes de energía más limpias.
En definitiva, el sector petrolero afronta retos de gran calado en relación al cambio climático, a la protección de la biodiversidad, la salud y la defensa de los derechos humanos. El Congreso Mundial del Petróleo, celebrado la semana pasada en Madrid, así lo ha constatado. Lejos de huir de estas implicaciones sociales y ambientales que arrastra su negocio, las empresas asistentes quisieron mostrar su mayor convencimiento de que estos asuntos les preocupan y los consideran. Así lo evidencian las numerosas sesiones, ponencias, folletos y promociones arraigadas en el discurso de la Responsabilidad Corporativa. La industria ha acogido los debates que le afectan en aras de mejorar su imagen y afrontar en mejor disposición el futuro, lleno de retos formidables.
Habría mucho que analizar sobre la trascendencia de la estrategia de RC y su impacto sobre el negocio en cada compañía, sin embargo, que un encuentro sectorial de este tipo haya resultado tan abierto a algunos de los asuntos que más escuecen a la industria del petróleo como son la necesidad de contribuir al desarrollo local o la defensa de los derechos humanos es un avance considerable. Sin duda, debiera ser este el camino para que las empresas del sector encuentren un mayor arraigo y aceptación social. Un compromiso manifiesto con la transparencia y con el desarrollo tecnológico pueden ser los pilares que sustenten una nueva imagen de la actividad. En esta línea, las propias empresas petroleras podrían definir su papel dentro de una economía sostenible, respondiendo activamente a algunos de los problemas más imperativos que afectan y preocupan a la sociedad, como son el cambio climático y los derechos humanos, y exponiendo sin trabas cuáles son las limitaciones y dificultades de producir el petróleo que todavía resulta imprescindible para el desarrollo económico. El Congreso Mundial del Petróleo ha sido un buen paso en esa dirección.